sábado, 19 de febrero de 2011

Las combis, los cobradores y otras hierbas

Debo confesar que en Guayaquil mi medio de transporte se limita al taxi o carro particular, muy pocas veces me movilicé en buses y unas cuantas en Metrovía. En Lima, mi transporte diario es el Metropolitano, equivalente a la Metrovía y cuando debo ir a otros destinos más cercanos, utilizo el combi, que es el equivalente a un bus en Ecuador, pero de los medianos o pequeños, una especie de selectivo.

Debo confesar, también, que si tengo la opción de coger taxi, prefiero la combi porque es mucho más entretenido. He vivido una serie de experiencias que más de una vez han sido motivo para que parezca un bicho raro entre la gente malhumorada que se empuja en este transporte estrecho, que no respeta al peatón, ni a los pasajeros del bus, ni se detiene completamente, solo desacelera, para recoger a nuevos pasajeros, ni, ni, ni... sé que muchos entienden de lo que hable. Este medio de transporte popular al que todos estamos acostumbrados, vivimos quejándonos pero son un mal necesario porque nos movilizan de un sitio a otro.

El otro día subí a una combi y noté que estaba lleno, no había asientos y habían unas cinco personas paradas, al igual que yo, que se sostenían del tubo en el techo. Faltaban unas diez cuadras para llegar a mi parada, pero claro es un combi que para en cada esquina, y que si le toca luz verde, retrasa su "recolección" de pasajeros para poder quedarse más tiempo en el próximo color rojo, eso implicaban unos ¿15 minutos? no lo sé. El asunto es que, conmigo como pasajera, el bus ya estaba lleno. Eso no le importó al impulsador (ya hablaré de él) quién seguía invitando a posibles pasajeros a usar el transporte; se subieron diez más, diez! Todavía no entiendo cómo entrábamos, la gente se apretaba, se insultaba con el impulsador, y yo, fresca como una lechuga porque me sentía más que pasajera, espectadora del pseudo espectáculo.

En la combi pocos respetan el derecho de los ancianos, embarazadas y mujeres con niños. Me ha tocado ver peleas, gritos o encuentros entre el que no quiere ceder su puesto y el que lo exige con un tono de orden, poco respetuoso.

El impulsador

"Arequipa, toda Arequipa, Tacna, Tacna", es el discurso que repite durante más de 12 horas un hombre con fuerte voz pero baja estatura. Nunca se sienta, siempre está entre las escaleras de la combi y la calle. Sí, de la calle. En cada luz roja aprovecha el momento para ser un promotor de la combi. Te insiste, hasta la fatiga, que utilices el servicio, que te subas, que te subas, que te subas. No hay más. Es que no tiene nada más que decir que la ruta. Si te subes, lo ves repetir este patrón a lo largo del recorrido en el que, también, dice "pasaje, pasaje" y camina por el estrecho corredor entre los asientos y cobra el sol o sol cincuenta que cuesta el recorrido. Entrega un pequeño ticket, de papel periódico, que indica el precio de la tarifa. Mientras recibe las monedas camina de vuelta a la puerta y comienza a gritar, nuevo, Arequipa Arequipa. Se baja y ahora recibe un papel de una señora, rellenita, que lo espera en la esquina. A cambio, él le entrega unas cuantas monedas, ella, en cambio, es encargada de anotar los minutos exactos en los que se detiene cada combi, con qué número de minutos después llega el siguiente transporte. Es una competencia de buses cuya meta es captar la mayor cantidad de pasajeros sin importar que ellos suban al bus cuando esté detenido, sin importar que estén parados asfixiándose, sin importar nada.

Es su chamba, el impulsador gana entre 15 y 20 soles al día y debe gritar, pararse, subir, bajar, saltar, caminar, gritar más por más de 12 horas. Es su chamba.

domingo, 9 de enero de 2011

Invasiones 1

Tengo tanta información que quisiera plasmar sobre este tema, pero sé que aburriría a quien lea esto si las nombro todas. Como siempre, intentaré resumir. Visité una serie de invasiones del noroeste de Guayaquil, podría nombrarlas pero creo que no haría gran diferencia tomando en cuenta que dos llevan el nombre de los traficantes de tierra junto con números del 1 al 7, sí al SIETE. Estamos hablando de pseudoimperios periféricos en nuestra ciudad.

Estaba el chofer, el fotógrafo y yo entrando a estos sectores donde los caminos son de tierra, irregulares, pedrosos. De frente puedes ver cerros, a los lados también; crees que detrás de esos cerros, en algún momento, deben acabarse estos asentamientos, pero no, no se acaban. No llegué hasta el final de ese camino porque tuve que desviarme a otro específico, pero el sentimiento de querer conocer TODO lo que hay sigue en mí.

Al inicio del camino me detuve porque a mi izquierda divisé que en un terreno con aspecto de bosque/parque noté una serie de cañas alzadas formando pequeñas carpas cubiertas con telas, toallas, sacos rotos y hasta láminas de zinc. Me acerqué a conversar y las señoras me contaron que llevan una semana así: sentadas bajo las cuatro cañar y "algo" que las cubre del sol. ¿De quién son los terrenos? Ellas afirman que de ellas, que el lunes (era viernes) unos guardias -personas motorizadas vestidos de civiles- les preguntaron si querían las tierras, que ellos se las regalaban. Y así fue, los "guardias" midieron los lotes y se los entregaron a cada una de las personas que estaban junto a mí contándome sus historias. "Ya no nos pueden mover de aquí, esto es nuestro nos lo regalaron" "Uno lleva aquí una semana, ya no hay quien nos mueva, si uno se ha esforzado"...en su mayoría son mujeres guayaquileñas que tienen hijos y viven con sus padres o en casas alquiladas y están en busca de una vivienda nueva. Oyeron que el presidente legalizaría ciertas tierras y corrieron a coger "un espacio". No saben para quién trabajan los guardias que les dieron las tierras, tienen miedo de preguntar porque después se las quitan. Tampoco están seguras si quieren que lleguen las autoridades del gobierno porque también las pueden desalojar. Tampoco pueden construir sus viviendas porque la vía está bloqueada por militares que impiden el paso de materiales de construcción.

Están ahí, unas sentadas en una estructura de madera, otra en una silla, las demás en el suelo. ¿No se aburren? Sí, llevamos una semana aquí, ya nos hicimos amigas; no podemos irnos porque sino nos quitan el sitio. NADIE solo los guardias les han "garantizado" que ese lugar les pertenece. Sospechan que las tierras le pertenecen a algún terrateniente "de los conocidos" y dudan que haya sido un regalo de él, pero de todas formas confían que estando ahí inmóviles "luchando" lograrán algo.

Miles de pensamientos cruzan por mi cabeza, no quiero juzgar, ni ser cruel, ni Robin Hood. Solo quiero contar lo que vi y opinar ciertas cosas al respecto: me cuesta tanto oír a las mujeres que están convencidas que esas tierras son de ellas solo porque alguien se las regaló, la ingenuidad trasciende cualquier límite imaginado. Peor si es que quienes se las regalaron son unos guardias que todavía pienso porqué los etiquetaron como tales si ni siquiera vestían uniforme, tan solo andaban en moto y se acercaron a repartir tierras. Me angustia el convencimiento de otra de las chicas quien cree que ella se merece ese espacio porque ella limpió el sitio -recogió las hojas del sitio- y ha permanecido una semana...no quiero ser cruel pero quisiera poder ayudarla a entender que por lo general uno debería trabajar para conseguir lo material. Claro, el gobierno u otras instituciones pueden ayudar donando o dando préstamos...hay mil maneras...fueron solos sus palabras y la actitud de paternalismo lo que me inquietó tanto.

Me conmovió cada una de sus historias ya que la mayoría son madres y no han vuelto a sus casas por temor de perder ese pedazo de tierra de 8x15 metros. ¿Cuánto tiempo más piensan quedarse aquí? Lo que sea necesario. PLOP ...cuánto es eso me preguntaba por dentro...ellas estaban muy cansadas y la incertidumbre reinaba en su discurso.

Me pregunto cuántos casos así existen en Guayaquil. Cuando me acerco más me doy cuenta lo difícil que puede ser solucionar los problemas sociales. Muchas veces pensamos en colectivos, tal sector tal otro, pero si miramos de cerca cada zona está compuesta por habitantes, ciudadanos, cada uno con una historia más compleja que la otra.

De nuevo este es un post de nada y todo, todo y nada. Transmitiendo cómo me sentí el viernes, esto solo es una parte, cuando tenga más tiempo escribiré el resto.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Simbiosis

Simbiosis. La RAE asocia al término con biología y lo define como una asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común.

Yo emplearé el término como una relación entre dos seres humanos donde cada uno obtiene un beneficio, pero no cualquier beneficio sino algo más trascendental. Creo que el periodismo permite que esta asociaciones se construyan permanentemente o al menos ese es uno de mis objetivos como periodista. Soy creyente de que el oficio nos permite ayudar a las demás personas y lo he expresado en varios post. Esta vez quiero compartir un par de anécdotas en las que la simbiosis fue mucho más ¿evidente, fuerte? no sé cómo definirla pero en tal caso no solo fue palpable para mí (porque sinceramente cada vez que escribo un tema y pongo "todo de mí" me siento reconfortada) sino para el otro y quizás terceros que no estén involucrados directamente.

Visité la Defensoría del Pueblo, estaba buscando un tema para escribir. Sí, a veces las ideas se agotan y hay que ir a buscarlo a varios sitios, sé que la defensoria es un sitio obvio, pero bueno. Me topé con un señor que estaba reclamando una estafa por parte de una inmobiliaria; él había pagado unas cuotas para que le entreguen su casa en determinado mes, pero no la había recibido aún. Polo, aún recuerdo su nombre (fue en 2008), me llevó hasta su terreno donde debía estar su casa terminada y bueno ahí estaba sin ventanas, sin acabados y sin línea blanca -que también le habían prometido-. Me comentó que habían más personas con un caso similar al suyo y al contactarme con ellos, unos 20, descubrí que habían aún más. Me dio el número del constructor, lo llamé -decenas de veces- nunca dio la cara pero igual publiqué el tema. Me mantuve en contacto con Polo y supe que un par de meses después le entregaron finalmente la casa. "Fue la presión del diario", me dijo. Pero le expliqué que sin su persistencia nada hubiera sido posible. Al final, los dos terminamos contentísimos. Fue mi primera experiencia de un reconocimiento directo, pero de haber realmente ayudado a alguien. Claro que no pude resolver el problema de los 20 (luego se denunció el tema en un medio de mayor referencia y salieron a la luz cientos de casos similares), pero al menos logré que Polo reciba su casa y generé un llamado de atención al constructor.

Mi segunda experiencia: recibí una carpeta en la redacción en la que un señor contaba que había sido despedido de su trabajo porque había conocido a su actual conviviente ahí y cuando fueron novios el jefe de RRHH los amenazó que uno de ellos debía renunciar. No lo hicieron y despidieron a uno, luego al otro. Las reglas de las empresas no pueden estar por encima del Código del Trabajo y el de Ecuador no estipula que está prohibido mantener relaciones personales entre los empleados. El señor había denunciado a la empresa, pero como era un Banco -de dueños recontra poderosos en Ecuador- el juicio se había retrasado por un sinnúmero de razones inconsistentes. Llamé varias veces al banco y nadie quiso hablar del tema. De igual manera publiqué el tema. De nuevo, recibí el correo del denunciante agradeciéndome la publicación y nos mantuvimos en contacto durante varios meses en los que me actualizaba sobre su situación. Tardó casi un año para que finalmente ganara el juicio que quizás para el señor representaba un reconocimiento económico pero para mí nuevamente fue un gratificación enorme. De nuevo, poder ayudar a terceros mediante mi trabajo.

Cuando recibí el correo del señor lo comenté con mi ex editor (en ese entonces había dejado de trabajar en ese medio) él me dijo que debía de involucrarme demasiado con mis fuentes porque le confesé que cada vez que vivía una situación similar, reconfirmaba que había elegido la carrera adecuada. Sigo creyéndolo y tan solo hace un par de días me llamó un señor a la redacción a pedirme el teléfono de una voluntaria suiza que ha vivido 30 años en Lima y fundó una asociación para niños, la mujer tiene un proyecto enorme demasiado altruista e intenté plasmarlo en un perfil. El señor del teléfono leyó el perfil y me pidió el contacto de la voluntaria para donarle un terreno para que continúe con su obra.

Esas experiencias, no tienen precio. Al final del día los dos ganamos, la fuente y yo, cada uno algo diferente pero demasiado valioso para cada cual.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Periodismo gonzo

La tendencia ha regresado: el periodista es el protagonista o parte primordial de su propia historia. Debo confesar que me encantan las crónicas de ciertas revistas latinoamericanas donde la escritora narra su experiencia y así va explicando el tema pero creo que también hay un límite.

¿Tengo que convertirme en bailarina de burdel para contar la historia de las bailarinas en un burdel? No. ¿Tengo que cruzar la frontera entre México y Estados Unidos para vivir como sienten los migrantes? Tal vez.

Obviamente las situaciones varían, por eso mis respuestas también. Lo que quiero dejar en claro es que creo que si la historia se puede realizar sin que la periodista sea parte de la historia, debe hacerse. La peridodista es el medio entre la historia y los lectores, no es la protagonista. Creo que la pregunta clave es: ¿la periodista quiere ser la protagonista, quiere lucirse más que la propia historia? Creo que la forma de descubrirlo es pidiéndole a ella que realice su reportería siendo parte de la historia, viviendo cada experiencia que ella decida, pero que al momento de escribir, lo haga en tercera persona para que este personaje, que solo ella sabe que es ella misma, cuente la experiencia.

El lector no tiene que saberlo, la historia queda igual de buena con todos los detalles, la diferencia es que el ego de la periodista no se engrandece y el protagonismo recae en la historia no en quien la escribe. Así debería de ser, creo yo.

Otro tipo de aprendizaje

Hace un mes asistí a un taller de Crítica de Medios que estaba dirigido a miembros de organizaciones sociales gubernamentales, subvencionadas y no gubernamentales. Yo, junto a otra colega, éramos las únicas periodistas en el grupo. La jornada duró dos días y al final pude concluir que no aprendí "nada nuevo" tomando cuenta la teoría periodística o el oficio per se, pero aprendí otras cosas igual de valiosas.

Lo que para mí era muy básico tomando en cuenta conceptos (como la diferencia entre un comunicador y un periodista) o realidades en los medios (como que siempre las empresas periodísticas responderán a intereses de sus dueños)para los asistentes era como descubrir el agua tibia. Quedé impactada de la ingenuidad e idiosincracia de ellos, pero sentí muchísima compasión porque comprendí que tal vez ni la educación ni su medio les había mostrado lo que realmente significa ejercer el periodismo.

¿Y qué significa realmente? Ni yo sé, pero estoy segura que es un oficio demasiado complejo donde el objetivo no es hacer plata como el 99% de las profesiones.

Con el taller aprendí que no todos conocen o comprenden el funcionamiento de los medios de comunicación, sus dinámicas, sus reglas, sus formas de operar. No me quiero alargar pero sí quisiera dejar algo muy claro: el periodista no puede decidir qué se publica y qué no; puede incidir, insistir, presionar a su editor o (en pocos casos) al dueño del medio para que publiquen equis temas, pero por lo general son los dueños quienes deciden.

Si yo trabajo en cualquier medio no soy la culpable de que no le den espacio a determinado tema que debería tener espacio, debería ser noticia pero que lastimosamente por algún anunciante, amigo del dueño, persona poderosa, etc... no se puede publicar. Una lástima lo sé, pero es así...la mayoría de las veces.

Recordatorio

Creo que muchos periodistas compartimos esta situación. Siempre que terminamos de escribir un tema, después de la reportería, la selección de fuentes, la edición y la revisión final, el reportaje, crónica o un simple artículo se publica. En todas las ocasiones, sin excepción, no se escribe ni la cuarta parte de lo que se investigó, se oyó, se vivió. Generalmente las causas están relacionadas al espacio, al enfoque del tema y demás reglas impuestas por el medio. ¿Pero qué pasa con todas las experiencias que vivimos los periodistas mientras ejercemos nuestro oficio pero que no podemos publicar? Nada. Algunos las compartimos con colegas, reímos, nos quejamos o nos indignamos de diversas situaciones; otros asumo que se guardan estas anécdotas y luego el tiempo se encarga de borrarlas de la memoria.
Justamente eso es lo que no quiero que suceda con mis historias que aunque parezcan bastante personales porque fui yo quién las vivió mientras trabajaba como periodista, no lo son porque estoy segura que muchos colegas han vivido situaciones similares y se identifican con algunas de las experiencias que he narrado en este blog.
Esto es como un recordatorio para quienes nunca han leído este blog y quisieran entender de qué va. Pues va de las historias, anécdotas, experiencias que he vivido como periodista y que por mil y un razones no pueden ser publicadas en ningún medio. Tiene lógica, no son de interés colectivo, tal vez no son de interés de nadie más que mío. En todo caso, si existe un periodista que esté leyendo esto, invito a que comparta en este espacio sus anécdotas mientras ha ejercido el mejor oficio del mundo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Receso

Me apena no tener el tiempo suficiente para postear cada vez que sienta y quiera. Veo que en octubre solo escribí una entrada y encima relacionada al hecho de fines de septiembre.

Este último mes estuve dedicada a la tesis y finalmente graduada y con más tiempo, espero poder nutrir más este blog. Tengo algunas anécdotas pendientes que quisiera narrar.

Hace poco le comenté la idea de este blog a un amigo y me dijo "como un behind the scenes", la verdad nunca lo había pensado así, pero en parte lo es. Lo que se publica en los medios es solo el resultado de un sinnúmero de situaciones que quedan al margen y nadie conoce. Justamente eso es lo que quiero mostrar aquí.

Pronto volveré con más historias.